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Normando Hdez

Strike 3: Permiso para discrepar

Strike 3: Permiso para discrepar

Por: Michel Contreras

 

Con Villa Clara fuera, la Serie del Caribe ha perdido cierta cuota de atractivo entre la fanaticada nacional. Más que de los sobrevivientes, ahora en Cuba se habla del fracaso, de sus causas y probables consecuencias. Por mi parte, lo que yo quiero es disentir por partida triple.

Primera discrepancia: Los rivales NO se reforzaron a su antojo.

Se ha dicho y redicho que algunos equipos reemplazaron a la mitad de sus plantillas, mientras nosotros solo incluimos a seis hombres. Pero no es tan así. La inmensa mayoría de los cambios hechos por los adversarios en sus rosters fueron forzados por razones de indisponibilidad, no por la iniciativa personal de sus mentores. Por ejemplo, Pablo Sandoval –un jugador franquicia de los anfitriones Navegantes- no pudo asistir al evento, tras serle denegado el permiso por su equipo de Ligas Mayores. ¿Alguien cree que el mentor venezolano disponía de un refuerzo capaz de llenar ese hueco? Ah, sí, podía convocar a Miguel Cabrera, pero tampoco se lo iban a prestar. No señor. De manera que no tiene caso seguirle dando vueltas a esa noria, porque al final la justificación deriva en boomerang: el único país que podía contar con sus mejores peloteros –por lo menos, los mejores que residen en casa- era Cuba. Los demás remendaron aquí, taponaron allá, y salieron con rumbo a Margarita no con lo que querían o con lo que tenían, sino con lo que podían.

Segunda discrepancia: El torneo NO se perdió a la hora de pedir los refuerzos.

Ante todo, no creo que Moré y su cuerpo técnico –que han probado capacidad y tino suficientes- le apuntaran al Morro e hicieran diana en la Cabaña. Nadie ha acertado más que el cifuentense al escoger refuerzos en la Serie Nacional, y ahora se decantó por la mayor promesa del picheo cubano y cinco jugadores de la selección insular, incluyendo al pelotero más completo y al principal slugger de la Isla. Cierto es que tuvo a mano a Vladimir García y otros buenos elementos, pero es inapelable que solicitó a figuras de calibre. (Inclusive, la única faena individual memorable del equipo la registró Viyo Odelín, uno de los refuerzos). No señor: Cuba perdió la Serie del Caribe mucho –muchísimo- antes de viajar a Venezuela, y mucho antes también de que Moré y su cuerpo técnico empezaran a trabajar con Villa Clara. Fue a lo largo de toda una época de nocivo envanecimiento en que este béisbol, aplastando a novenas colegiales, se creyó que tenía la caja de los truenos. Nos distanciamos del nivel real, y ahora estamos pagando esa deuda con penosos intereses.

Tercera discrepancia: El equipo Cuba NO es la solución.

Fracasamos, y la solución más fácil es pensar en llevarnos el equipo Cuba en pleno para la próxima edición. Lo cual sería una manera más de seguir viviendo con la venda en los ojos, recostados al mismo espejismo de las últimas décadas. Esto es, ellos van con los potros; nosotros, con el caballo. Y digo potros porque, aun cuando juegan bien a la pelota, los elementos que han concurrido a Isla Margarita son, casi todos, descartes de las Grandes Ligas. A tal punto, que menos del diez por ciento está protegido por los rosters de 40 jugadores para los campos de entrenamiento que abren pronto en Florida y Arizona, y del resto, poco más de la tercera parte tiene contrato vigente de Ligas Menores. No señor: la Serie del Caribe es un torneo de clubes, no de selecciones absolutas. Dominicana no se aparecerá allí con los Canó, Pujols, Ortiz y Encarnación, ni Venezuela irá con Elvis Andrus o Félix Hernández. La solución es la del cambio de mentalidades. Pero hablo de un cambio repentino, sin promesas por cumplir a largo plazo. Digo un cambio que copie sin rubores los modelos de desarrollo beisbolero del Caribe, que incluyen la masiva inserción de peloteros en otros circuitos. Un cambio de la camisa a los zapatos, presidido por la convicción de que la pelota no trae frijoles a la mesa, ni conduce los destinos de la patria, ni es la lucha del bien contra el mal. Es solo un juego. It’s just a game.

Fuente: CUBADEBATE

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