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Madrid vence a Almería y pasa a segundo de la Liga

Madrid vence a Almería y pasa a segundo de la Liga

Di María es vertical, ofensivo, apresurado, cubista, entusiasta, rocín flaco y galgo corredor. Cada vez que controla el balón desata un big-bang. A muchos les irrita que no tenga pausa, pero su impaciencia aporta una cantidad de caos imprescindible para romper las defensas contrarias. En un fútbol moderno sin apenas desborde, Di María resulta desbordante.

Estas y otras razones le hacen tan importante que Ancelotti cambió el dibujo por él, con la única intención de darle cabida, aunque fuera disfrazado centrocampista, aun a riesgo de romper el equilibrio defensivo del equipo.

Di María no es perfecto, naturalmente. Los penaltis los tira con prisa y la contención se le hace insoportable. Además hemos visto que cuando se frustra, su sensibilidad, la más íntima, no encuentra acomodo. También sabemos, después de cuatro años, que todo eso compensa.

En este caso fue el Almería quien le sufrió. Di María acabó con su resistencia en el minuto 27, con uno de esos goles que le definen y le emparentan con Robben, otro zurdo filosófico. Hasta que abandonó el campo, entre aplausos, las mejores jugadas del partido tuvieron guarnición de fideos. Añadan un tiro al larguero y un intento de gol olímpico.

Desde una perspectiva más general, hay que admitir que el Madrid no trató al Almería como a un adversario, sino como a un entrenador personal. En cierto modo, jugó mirándose al espejo, observando cómo le crecían los bíceps, cómo se le marcaba el abdomen. Pasó un buen rato y ninguno malo; disfrutó de la noche, más hermosa desde las derrotas del Bayern y el Barcelona.

No es un reproche al Almería, no puede serlo. Francisco, el técnico visitante, fue tan consciente de lo improbable de su misión que dejó en el banquillo a jugadores como Aleix Vidal o Soriano, con los que se jugará la permanencia en próximas batallas. Pese a todo, el Almería fue un equipo que lució virtudes, aunque sean modestas: orden, despliegue, sacrificio…

En tales condiciones, y como no podía ser otra manera, el portero acabó por ser el más popular de los visitantes. Esteban evitó dos o tres goles y encajó cuatro. En el primero lamentó que su central estuviera en la banda, pendiente de regresar al campo tras un golpe. En los otros no pudo decir palabra. En el gol de Bale, un chutazo, tocó el balón pero sólo para despedirse. El de Isco le rasgó una costura al entrar por su palo. Morata, por fin, le batió al abordaje, después de un gran pase en vaselina de Illarramendi. Por cierto, Morata ya es el delantero más efectivo de la Liga (6), con un gol cada 47 minutos. Becarios.

Benzema se marchó sin marcar, pero con perlas que convalidan. Los chavales cumplieron (Nacho, Llorente…) y el Madrid afrontará la final de la Copa del Rey pleno de optimismo. El triplete no es una utopía, aunque la prudencia aconseja ir título a título.

Fuente: CUBADEBATE,(Tomado de AS.com)

 

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