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Strike 3: El Síndrome de Huckleberry Hound

Strike 3: El Síndrome de Huckleberry Hound

Por: Michel Contreras

 

Hasta hace unos años –pongamos el jalón en las inmediaciones del 2000-, Cuba viajaba a los torneos de pelota con el “veni, vidi, vici” tatuado en los labios. Prácticamente todos los rivales terminaban apabullados los encuentros, una vez recibida su lección respectiva de autoridad sobre el terreno. Éramos tan felices por entonces…

Pero luego, como en los muñequitos de Huckleberry Hound, la locomotora empezó a describir un retroceso que la acercó al cabut (“Esta película está al revés”, decía el viejo animado). Nuevos trenes entraron en escena –trenes sofisticados con millones de caballos de potencia-, las derrotas devinieron el pan de cada día, y por ese camino llegamos hasta aquí, a febrero de 2014, con tres fracasos sucesivos en la Serie del Caribe.

Acabamos de sufrir un nuevo varapalos, éste frente a Los Tigres del Licey. Los dominicanos dominaron de una esquina a otra, devoraron con gula a cada pitcher, y el rubio Jon Leicester nos obligó –no hallo mejor palabra que obligó- a poblar de rolecitos el infield del estadio Guatemare. Fuimos, hay que decirlo, un bocadillo.

Sin embargo, lo terrible del caso no fue la derrota, que a fin de cuentas el Licey es el mejor equipo en la historia del evento regional, y en su roster (mitad reforzado, mitad remendado) hay un montón de tipos militantes de organizaciones de Ligas Mayores. Lo terrible del caso es que dejamos una imagen desmejorada y engañosa del equipo Villa Clara, que ciertamente es inferior a su adversario de esta tarde, pero puede jugar a la pelota muchas veces mejor de lo que viene haciéndolo.

Los Naranjas han pifiado sin tasa ni medida. Cabe decir, exagerada y vergonzosamente. Para muestra, el botón del segundo episodio ante los Tigres, cuando el equipo regaló tres outs -¡todo un inning!- producto de un error en tiro de Yuliesky y otro más de Ismel Jiménez, el cual frustró la posibilidad de un double play.

Jugando así, tan mal, ganar se modifica de ambición en utopía, y ni siquiera quedarían a tiro los humildes colegiales que vencíamos antaño. Es increíble, pero dar un escón –un simple escón- nos ha exigido la archifamosa travesía en bicicleta por el Niágara. Una historia que deberá cambiar, y de golpe y porrazo, si se pretende superar a Puerto Rico. (Por desgracia, el lastimado Yuniet Flores puede quedarse fuera nuevamente de la alineación. Nada, que cuando el mal es de guayabas…)

Dice mi amigo Arzuaga que México nos regaló una clase de bateo, y Venezuela nos dio otra de defensa de campo y manejo de los serpentineros. Terminado el calvario vespertino, yo le agrego que República Dominicana nos legó una conferencia de béisbol moderno, con la dinámica de peloteros que no tiran mecánicamente el ancla en la almohadilla, tienen paciencia asiática en el home y poderío latino con el swing, recitan de memoria el libro táctico y lanzan mucha bola que se parece a strike.

Aparte de eso, un detalle importante: los del Licey sonríen en el terreno, jaranean, y no por subestimación del oponente. Pasa, mi buen lector, que saben que tan solo se trata de un juego, y que los juegos –para que fluyan bien las cosas- han de jugarse con alegría y distensión. No más que eso.

Positivo: Sin dudas, el trabajo monticular de Jonathan Leicester. Negativo: A ratos, el campeón cubano luce como una novena de 13-14. Preocupante: El estado físico de Freddy Asiel Álvarez para el choque del martes. Incomprensible: ¿Por qué tanta presión para jugar un juego de pelota?

Fuente: CUBADEBATE

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